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“Mágico” sería un buen calificativo para describir en una sola palabra, a este hermoso municipio, ubicado al norte del departamento del Quindío.

Filandia, es uno de los 51 municipios que hace parte del Paisaje Cultural Cafetero de Colombia (PCCC), declarado por la UNESCO en 2011 como “Patrimonio Mundial”

Mirador Filandia: Costo de Entrada $8.000 (pesos colombianos)

Sus callecitas te dan la bienvenida en medio de coloridas puertas y ventanas, sus balcones te saludan y las verdes montañas que rodean a la “Colina Iluminada de Colombia”, parecen abrazarte cálidamente.

Su cultura campesina, no solo se ve reflejada en sus plantaciones de plátano, café, yuca, caña, mora, etc, sino también en su arquitectura típica de la colonización antioqueña, que además está perfectamente conservada.

En las calles se respira arte, tiendas con productos artesanales de fabricación local y artistas que acompañan con sus melodías tus pasos.

Si necesitas aún más razones, tendría que hablarte de los innumerables locales donde puedes tomarte un buen café, sumado a la amabilidad de sus habitantes.

Parque principal Filandia – Quindío

Filandia, es uno de los destinos imperdibles, recomendado por @gigimochilera, del blog www.lasmochilerascolombia.com

 

 

                 

Paula Cabanilles es una joven de 21 años, oriunda de Valencia, España, realiza este verano un voluntariado en el Parque Nacional Natural Uramba Bahía Málaga, una de las 59 áreas protegidas del sistema de Parques Nacionales Naturales de Colombia.

La estudiante de biología vive y trabaja en Juanchaco y Ladrilleros junto a otro guardaparque voluntario de la ciudad de Bogotá, donde diariamente realizan trabajos de campo como monitorear las ballenas en su temporada de reproducción.

Desde las seis de la mañana, al calor del mediodía y al esconderse el ocaso, Paula inicia su rutina de monitoreo y trabajos de educación ambiental en el área; “Lo que más me ha gustado es observar el comportamiento de las ballenas, la sensación de monitorearlas es algo increíble. También analizamos el impacto de la pesca tradicional en esta población marina”, explica Paula con un acento marcado por su estancia en esta parte del pacífico colombiano.

Aunque el rol es apoyar la conservación en labores de ecoturismo, recorridos, avistamiento y monitoreo de fauna y flora, hay algo que también la ha impactado y enamorado: “He aprendido sobre las comunidades negras de este lado del mundo, es fascinante saber sobre sus orígenes, aprender sus prácticas y escuchar sobre sus tradiciones”.

Pese a tanta maravilla junta, a Paula hay algo que no se le olvidará jamás, el primer momento que llegó al Parque Nacional Natural Uramba Bahía Málaga: “Cuando llegué por primera vez me sentía en la primera parte de Parque Jurásico: una isla tal cual. Ver las playas, los acantilados, las olas rompiendo contra las rocas, los pelícanos, mejor dicho, me sentía en la película”.

Pero no es la primera vez que la joven española ha estado en Colombia; ya estuvo en Medellín hace más de un año como estudiante con la beca Mundus, un programa internacional de intercambio de alumnos universitarios. Vuelve porque quedó “prendada de su naturaleza y sus gentes”, confiesa que esta inquietud y amor por esta parte del mundo viene de familia y que las historias y la música latinas están presentes desde su niñez.

Le quedan pocos días y los está aprovechando al máximo, como guardaparque voluntaria Paula afronta con ilusión y compromiso esta oportunidad de ser parte de este programa de Parques Nacionales Naturales de Colombia. “Suerte y felicidad” son los términos con los describe la decisión tomada y espera con ansias, su nueva aventura: “El mundo no es mi calle, el mundo está más allá”.

Fuente: Parques Nacionales Naturales de Colombia